 Si eres propietario de una casa que disponga de una pequeña parcela, es posible usar este terreno para el cultivo de un jardín biológico. El fin consiste en reciclar los elementos naturales y hacer uso de los productos biológicos, para destruir los organismos que afectan negativamente al vergel. Así, aprovechando la naturaleza, se puede generar una zona verde en la que todas las especies de plantas se desarrollen en armonía.
Para mejorar el suelo
El uso de productos químicos no es recomendable para perfeccionar las condiciones del suelo. La categoría y el vigor de las plantas está directamente relacionado con la calidad del suelo en el que crecen. En el ámbito de la jardinería, la tierra es el elemento básico de cualquier tipo de trabajo. Se trata de una estructura constituida por materia orgánica, restos vegetales y animales en distintas fases de descomposición, además de aire y agua. Por ello, requiere de nutrientes y fertilizantes que lo enriquezcan, fomentando la vida subterránea y el cultivo vegetal.
El mejor alimento para una plantación es el abono natural, pero es
difícil de conseguir. A la hora de su aplicación, es importante no
hacerlo sobre brotes tiernos, porque podría quemarlos. Si no se
encuentra el abono natural, existe la posibilidad de recurrir al
compost. Éste se puede fabricar a partir de desperdicios domésticos
(como restos de frutas, verduras, mondas de patata, etc). Por otra
parte, las hojas secas que caen de las plantas en el otoño, también son
eficaces a la hora de aportar nutrientes al suelo. Hay que tener en
cuenta que las hojas de las coníferas no son buenas, porque acidifican
la tierra.
Los beneficios de las lombrices
Las lombrices son beneficiosas para un jardín. Permiten airear el
suelo, mejorar su drenaje y aumentar la retención de agua. Para
agudizar estos beneficios, además del compost o del estiércol, se
pueden emplear otros materiales orgánicos como champiñones, algas
marinas, restos de lana o virutas de pino. Se trata de acondicionantes
del suelo, por su escaso contenido en nutrientes. Por ello, es preciso
complementarlos.
Únicamente se podrá hacer uso de fertilizantes químicos si la tierra
presenta importantes carencias que pueden provocar un pobre desarrollo
de las plantas y flores. Es conveniente acudir a una tienda
especializada y adquirir productos semibiológicos, puesto que son muy
ricos en fósforo, nitrógeno y potasio, además de ser naturales.
Hierbas e insectos
Muchas de las malas hierbas que prosperan en un jardín provocan la
atracción de insectos. Éstos, a su vez, llaman la atención de los
pájaros, por constituir su principal fuente de alimento. Así, es
preciso eliminarlas cuanto antes para no poner en peligro la salud de
un parterre. Hay que hacer desaparecer lo antes posible plantas como el
diente de león, la amapola, la pajarita, el cenizo, la hiedra y la
correhuela. También se han de exterminar el cardo cundidor, el laurel
de San Antonio y el sauco rastrero.
Tampoco hay que permitir que hierbas de raíces profundas que se
propaguen con rapidez crezcan libremente, puesto que podrían invadir el
jardín.
Hay algunos animales que actúan como implacables insecticidas, por lo
que resultan positivos como son las mariquitas, los pájaros o
determinados escarabajos. El hecho de que vivan en el jardín, evitará
el uso de peligrosos productos artificiales. Para atraerlos, se pueden
colocar comederos.
Fuente: http://www.plantasyhogar.com
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