Desde las primeras horas del sábado de vísperas, los priostes de las Fiestas Patronales de Santa Ana y San Joaquín recorren las calles de Nayón para cumplir una de las tradiciones más representativas de la parroquia: la recogida de los disfrazados, personajes que acompañarán durante toda la jornada festiva y que forman parte del patrimonio cultural de esta celebración.
La jornada inicia en la sede de los priostes con el lanzamiento de tres voladores, una señal que anuncia el inicio del recorrido. Como dicta la tradición, el primer encuentro es con la banda de pueblo, cuyos integrantes responden también con tres voladores, indicando que esperan la llegada de los priostes.
Al encontrarse ambas delegaciones, el capitán de disfrazados o representante de la banda ofrece unas palabras de bienvenida y agradecimiento, realizando oficialmente la entrega de la banda de pueblo a los priostes. Como símbolo de fraternidad y compromiso con la fiesta, comparten una copa de licor y al resto de la delegación se reparte chicha de jora para un brindis tradicional. Inmediatamente, la banda interpreta su primera pieza musical, en la que participan bailando los priostes junto al capitán de la agrupación, marcando el inicio de una jornada llena de música, tradición y alegría.
Con la banda encabezando el recorrido, los priostes continúan su camino hacia el siguiente punto de encuentro. Nuevamente, el lanzamiento de tres voladores anuncia su llegada. En esta ocasión se incorporan los saumeriantes, quienes, tras expresar palabras de agradecimiento, se unen a la comitiva para continuar recorriendo las calles de la parroquia en busca del resto de los personajes tradicionales.
Durante aproximadamente dos horas, la caravana visita distintos sectores de Nayón, donde poco a poco se integran los diversos grupos de disfrazados que darán vida a las festividades.
Entre los personajes más esperados se encuentran los morenos, los guardianes o centinelas de la loadora. Su representante da la bienvenida a los priostes y presenta oficialmente a su grupo, junto a la tradicional loadora, niña que representa al personaje que tendrá un papel protagónico durante las celebraciones religiosas. Luego, la banda interpreta la tradicional marimba de los morenos, ritmo que marca el inicio de su participación en el recorrido.
A medida que avanza la jornada se suman los capitanes de banderas tricolor (danzantes de las vísperas de la época independentista donde también participaron indígenas de los alrededores de Quito milenario), los danzantes de monedas (danzamurion), los danzantes de plumas o escobilla, los payasos, los capariches (kaparichik, el hablador o conversador), los campios (el líder que abre paso a los danzantes y llama la atención al paso de Santa Ana y San Joaquín), los monos (guardianes del monte, la flora y la fauna; y en la fiesta protegen al resto de danzantes para que las energías negativas no se apoderen de la fiesta realizando recorridos en círculos alrededor de los danzantes) y los capitanes de disfrazados, conformando un colorido desfile que recorre las principales calles de la parroquia entre música, baile y expresiones de identidad cultural.
Guiados en todo momento por los priostes, el recorrido culmina en la sede de las festividades, donde esperan las imágenes de Santa Ana y San Joaquín. A su llegada, la música vuelve a sonar y los disfrazados continúan bailando en honor a los patronos.
Como parte del agradecimiento por su participación, los asistentes comparten los tradicionales platos preparados por los priostes. En la actualidad se prepara caldo de gallina y mote con hornado. En la antiguedad se preparaba el Chuya UCHU, alimentos que han formado parte de la identidad gastronómica de estas fiestas y que simbolizan la hospitalidad de la comunidad. A lo largo de todo el recorrido se reparte la chicha de jora, bebiba sagrada ancestral para el agradecimiento a la madre tierra.
La sede se transforma en un verdadero escenario de celebración. Al ritmo de la banda de pueblo, los disfrazados y visitantes disfrutan de un ambiente lleno de alegría, mientras decenas de personas llegan para admirar las coloridas vestimentas, las danzas y las expresiones culturales que caracterizan a esta tradición centenaria.
Al acercarse la tarde en el día de vísperas, la fiesta da paso a uno de los momentos más solemnes de la jornada: la Misa de Salve. Los priostes organizan la salida hacia la Iglesia Central de Nayón, llevando sobre sus hombros las imágenes de Santa Ana y San Joaquín.
La procesión recorre las calles de la parroquia hasta llegar al templo, donde los patronos son recibidos por moradores y fieles que participan con profunda devoción en la eucaristía.
Al concluir la misa, las imágenes vuelven a salir en procesión alrededor del parque central, acompañadas por cientos de fieles, los disfrazados y la banda de pueblo. Los campios y Capariches encabezan abriendo el camino al paso de la loadora y los morenos quienes dan aviso que se acercan los santos patronos. Es entonces cuando la loadora toma protagonismo al dedicar emotivas palabras de gratitud a los patronos y a los sacerdotes, agradeciendo los favores recibidos e invitando a mantener viva la fe y la devoción hacia Santa Ana y San Joaquín.
Finalizada la ceremonia religiosa, la celebración vuelve a tomar fuerza. La banda de pueblo anima la noche haciendo bailar a propios y visitantes, mientras los danzantes continúan sus danzas características ancestrales al son del tambor y el pingullo, instrumentos tradicionales que acompañan las festividades desde hace generaciones.
Después de una extensa jornada, los priostes y los disfrazados emprenden un nuevo recorrido para recoger los juegos pirotécnicos. Como parte del ritual, el trayecto vuelve a anunciarse con el lanzamiento de tres voladores. Al llegar al punto de encuentro, quienes entregan la pirotecnia expresan palabras de agradecimiento por formar parte de esta gran celebración y hacen la entrega oficial a los priostes.
Acompañados nuevamente por la banda de pueblo, regresan al parque central, donde los juegos pirotécnicos se convierten en el gran atractivo de la noche. Luces, colores y figuras iluminan el cielo de Nayón durante las tradicionales vísperas, mientras artistas invitados complementan una velada llena de música, cultura y fervor popular.
Así concluye una de las jornadas más representativas de las Fiestas Patronales de Santa Ana y San Joaquín, una celebración que combina fe, tradición, gastronomía, música y cultura, manteniendo vivas las costumbres que, generación tras generación, fortalecen la identidad y el orgullo de la parroquia de Nayón.
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